2 de septiembre de 2011

Alimentos transgénicos: ¿son seguros?


La mayoría de nosotros consume alimentos derivados de cultivos transgénicos (comúnmente llamados “alimentos transgénicos”), aunque pocos lo saben y/o conocen algo acerca de esta tecnología y su seguridad para la salud.
Por eso, desde el blog de Matilde Menéndez queremos contarte de qué se tratan estos alimentos.
Estos cultivos, si bien se limitan a muy pocos casos, han sido los más estudiados en toda la historia de la agricultura moderna. Para contribuir a ordenar y sintetizar la evidencia reunida a la fecha, un grupo multidisciplinario coordinado por el Grupo de Trabajo de Alimentos de la Sociedad Argentina de Nutrición difundió un informe sobre los aspectos que más interesan a la sociedad, tales como la forma en que se evalúan los alimentos transgénicos para determinar su inocuidad y la situación respecto de su identificación y rotulación, donde aún no se ha alcanzado consenso internacional.

La historia de los trangénicos
Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) hicieron su entrada formal en el mundo de la producción agropecuaria hace más de doce años. Desde ese momento han generado muchas opiniones que van desde la preocupación por la seguridad individual y ambiental hasta la indiferencia. Casi todos los OGM han sido utilizados para producir alimentos, habitualmente llamados Transgénicos, cuya producción ha crecido continuamente siendo ya parte de la nutrición normal.
Pero el tiempo transcurrido es corto en términos relativos para modificar la cultura alimentaria. Por eso las preguntas y las inquietudes tanto de la comunidad profesional como de la sociedad en general continúan.
En su compleja interacción con el ambiente, el hombre siempre ha tratado de manipular los minerales, los microorganismos, los vegetales y los animales en su provecho. Antes de tener idea de la existencia de los genes, el ser humano llegó a crear especies y alterar otras, seleccionando características para su provecho tal como frutas sin semillas o los trigos enanos de la llamada “Revolución Verde” y que le valieron el Premio Nóbel de la Paz a su creador, el Dr. Norman Borlaug, en 1970.
La ingeniería genética surge en la década de los 1970 e incluye a una serie de técnicas que permiten aislar genes, modificarlos y transferirlos de un organismo a otro. Así, se puede aislar un gen a partir de un organismo de origen, e incluso modificarlo, y agregarlo al genoma de un organismo receptor, que puede ser de la misma especie o no. A este organismo receptor, que ahora tiene un gen nuevo o transgén, se lo llama organismo transgénico, genéticamente modificado (OGM), o recombinante. A la proteína sintetizada a partir del transgén se la denomina proteína recombinante.

Utilidad de los trangénicos
Hoy es posible modificar bacterias, hongos y células de cualquier tipo en cultivo, e incluso plantas y animales. Los objetivos son diversos, y van desde la producción de moléculas de interés industrial, la biorremediación ambiental, el mejoramiento de cepas de microorganismos empleados en alimentos, hasta el mejoramiento de las especies económicamente importantes para el hombre.
En síntesis, la biotecnología es la utilización de organismos vivos para la obtención de productos de interés, y su origen es tan antiguo que se pierde en la historia. El pan y el vino son ejemplos de alimentos seculares elaborados gracias al uso de microorganismos. Luego, con el advenimiento de la ingeniería genética se desarrollaron microorganismos transgénicos que han servido para la producción de fármacos, enzimas, y otros insumos para la industria, así como plantas de interés agronómico. Los pocos animales transgénicos que se desarrollaron hasta hoy con éxito han servido para la investigación y se prevé que servirán también para la producción de fármacos.
Plantas con mayor valor nutritivo, resistentes a plagas o tolerantes a herbicidas, son solamente algunos ejemplos del uso de la tecnología transgénica, que no se limita al campo de los alimentos sino que ha encontrado múltiples terrenos de aplicación incluyendo microorganismos, vegetales y animales para investigación y para producción de sustancias, especialmente fármacos.
Tal vez sería hoy tan impensable un mundo que no usara la tecnología transgénica como un mundo sin computadoras. Pero toda tecnología nueva genera preocupaciones que, especialmente en el área de la seguridad, deben ser cuidadosamente resueltas. Sobre los alimentos derivados de los cultivos genéticamente modificados se ha debatido mucho y existe mucha literatura incluyendo estudios indiscutiblemente serios, investigaciones probablemente igualmente serias pese a ser financiadas por empresas o gobiernos con intereses específicos, y también opiniones de todo tipo, incluso algunas más sustentadas en las emociones que en la ciencia.

¿Son seguros?
La aceptabilidad de la biotecnología moderna para la producción de alimentos, sobre todo desde un punto de vista ético, reposa en que se garantice una serie de requisitos y se protejan valores ampliamente compartidos: 
• Que su desarrollo y aplicación sean ambientalmente seguros y sustentables en el tiempo
• Que los alimentos sean seguros y nutritivos, y a precios razonables
• Que su desarrollo y comercialización no estén impulsadas exclusivamente por el afán de lucro de las empresas
• Que contribuya a disminuir las desigualdades económicas, y
• Que promueva prácticas agropecuarias ecológicamente correctas, que protejan y conserven los recursos del planeta
En Argentina, son tres los cultivos GM que se cultivan y consumen una vez superadas las pruebas técnicas, de seguridad y de factibilidad para llegar a la producción a cielo abierto: Soja tolerante al herbicida glifosato, Maíz resistente a insectos lepidópteros (o “Bt”)  o tolerantes a glifosato y también con ambas características acumuladas y Algodón tolerante al herbicida glifosato y resistente a insectos. 
En otros países, como Estados Unidos y Canadá, existen otras variedades transgénicas por ejemplo, papaya y zapallo resistentes a virus, así como canola transgénica aprobadas  y hay numerosos desarrollos que podrán ser aprobados en la próxima década incluyendo algunas frutas y hortalizas resistentes a virus, maíz y arroz resistentes a sequías, etc. Asimismo se continúa trabajando en cultivos mejorados en su composición.
El grupo de especialistas de la Sociedad Argentina de Nutrición halló sistemáticamente evidencia suficiente que respalda que el consumo de alimentos elaborados a partir de OGM, incluyendo especies pecuarias alimentadas con OGM, no han presentado efectos perjudiciales de ningún tipo en la salud humana. Tampoco se encontró evidencia sobre impactos negativos en el ambiente como consecuencia de la difusión de cultivos de OGM. 
Por eso, la postura de la Sociedad Argentina de Nutrición es que, según la evidencia reunida a la fecha, los alimentos derivados de los cultivos transgénicos han demostrado ser seguros tanto para la salud humana como animal. No obstante, la continuidad de un sano debate sobre estos temas  aumentará el intercambio entre los diferentes sectores y mejorará la calidad y cantidad de la información que llegue al público.

Fuente: Sociedad Argentina de Nutrición

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