28 de noviembre de 2012

Un tercio de la hipertensión se debe al consumo de sal


La hipertensión arterial (HTA) es una enfermedad crónica caracterizada por un incremento continuo de las cifras de presión sanguínea en las arterias. Aunque no hay un umbral estricto que permita definir el límite entre el riesgo y la seguridad, de acuerdo con consensos internacionales, una presión sistólica sostenida por encima de 139 mmHg o una presión diastólica sostenida mayor de 89 mmHg, están asociadas con un aumento medible del riesgo de aterosclerosis y por lo tanto, se considera como una hipertensión clínicamente significativa.
La hipertensión arterial se asocia a tasas de morbilidad (enfermedad) y mortalidad considerablemente elevadas, por lo que se considera uno de los problemas más importantes de salud pública, especialmente en los países desarrollados, afectando a cerca de mil millones de personas a nivel mundial. La hipertensión es una enfermedad asintomática y fácil de detectar; sin embargo, cursa con complicaciones graves y letales si no se trata a tiempo. La hipertensión crónica es el factor de riesgo modificable más importante para desarrollar enfermedades cardiovasculares, así como para la enfermedad cerebrovascular y renal.
En el 90% de los casos la causa de la HTA es desconocida, por lo cual se denomina «hipertensión arterial esencial», con una fuerte influencia hereditaria. Entre el 5 y 10% de los casos existe una causa directamente responsable de la elevación de las cifras tensionales. A esta forma de hipertensión se la denomina «hipertensión arterial secundaria» que no sólo puede en ocasiones ser tratada y desaparecer para siempre sin requerir tratamiento a largo plazo, sino que además, puede ser la alerta para localizar enfermedades aún más graves, de las que la HTA es únicamente una manifestación clínica.

Cómo reducir la hipertensión
Aproximadamente un tercio de la población hipertensa se debe al consumo de sal, porque al aumentar la ingesta de sal se aumenta la presión osmótica sanguínea al retenerse agua, aumentando la presión sanguínea. Los efectos del exceso de sal dietética dependen en la ingesta de sodio y a la función renal.
Existen algunas acciones preventivas para disminuir la hipertensión:

  •  Incrementar la actividad física aeróbica.
  •  Mantener un peso normal.
  •  Reducir al mínimo el consumo de alcohol: al día no se debe consumir más de 30 ml de etanol, que equivale a 720 ml (2 latas) de cerveza; 300 ml de vino (dos copas; un vaso lleno contiene 250 ml); 60 ml de whisky (un quinto de vaso), en los varones; en las mujeres la mitad.
  •  Reducir el consumo de sodio, hacer la suplementación de potasio.
  •  Consumir una dieta rica en frutas y vegetales; lácteos bajos en grasa con reducido contenido de grasa saturada y total.
  • Privarse de todo tipo de tabaco (cigarro, pipa, habano, etc.). 
  • Controlar la glicemia (si la persona padece diabetes).
  • Reducir el consumo de sal
Fuente: matildemenendez.com

26 de noviembre de 2012

Todo sobre infecciones alimentarias


Hace un par de meses, un brote de contaminación de verduras dominó la información internacional, fue causa de varias muertes, de millonarias pérdidas económicas y, casi, de una guerra comercial entre España y Alemania, epicentro del episodio.
Lo cierto es que, aunque pocas veces toman estado público, las infecciones alimentarias no son nada infrecuentes y ocupan un considerable espacio en la literatura científica... y en las preocupaciones de las autoridades sanitarias. Uno de los que más sabe sobre este tema en el país es el doctor Alcides Troncoso, profesor de la UBA y de varias universidades extranjeras, que reunió gran parte de sus conocimientos en un exhaustivo tratado científico.
Con la idea de difundir entre la población este conocimiento que puede ayudar a prevenir cuadros lamentables, la Fundación René Baron presentó en la Asociación Médica Argentina una versión abreviada y simplificada de esa obra. Escrita en un lenguaje apto para no iniciados, el nuevo volumen de Infecciones alimentarias. Cómo prevenir las enfermedades transmitidas por alimentos pasa revista a las nueve causas más importantes de contaminación en la mesa cotidiana de los argentinos: el botulismo, el síndrome urémico hemolítico (del que el país ostenta el récord mundial de casos), la listeriosis, las hepatitis A y E, la triquinosis, la brucelosis, la toxoplasmosis y la fiebre tifoidea. También, a las infecciones de viajeros.

El libro
Conjugando datos históricos, precisiones científicas y, sobre todo, consejos que permitirán a chefs, nutricionistas, personal a cargo de comedores escolares u hogares geriátricos el manejo seguro de los alimentos, el libro también ayuda a desterrar algunos mitos populares. Por ejemplo, el que en muchos casos nos lleva a creer que todo lo "natural" y "hecho en casa" es mejor que lo industrializado. "Frecuentemente se piensa que los fiambres que uno compra al costado de la ruta son más saludables que los que están sometidos a los controles sanitarios -comenta el especialista-. O se ignora que el envasado artesanal crea las condiciones que permiten la germinación de las esporas de Clostridium botulinum, la bacteria que produce la temible toxina botulínica."
El libro es de entrega gratuita y puede solicitarse por mail o descargar del sitio de la Fundación Baron.

Fuente: lanacion[dot]com[dot]ar y matildemenendez.com

24 de noviembre de 2012

Menos sal en las comidas evitaría la muerte de millones de personas

La reducción del consumo de sal disminuiría el número de afectados por enfermedades cardíacas y los accidentes cardiovasculares.
Una investigación recientemente publicada asegura que un mayor control de su consumo evitaría millones de muertes anuales cada año. El principal objetivo debería ser la reducción de la cantidad de sal en los alimentos preparados.
El estudio, que aparece en el "British Medical Journal", muestra que una reducción de tres gramos de sal diarios evitaría 8.000 muertes por ictus al año y hasta 12.000 por cardiopatías coronarias en Reino Unido. En Estados Unidos, esta medida disminuiría en 66.000 los afectados por ictus, en 120.000 las muertes por cardiopatías coronarias y en 99.000 las originadas por ataques al corazón.

Cambio de hábito
Los autores del estudio creen que el cambio de los hábitos individuales no es suficiente para modificar los efectos de la sal en la salud, puesto que muchos alimentos ya se venden con un exceso de esta sustancia. Por eso, abogan por el establecimiento de una política integral que aborde este problema.
Dividen esta estrategia en cuatro fases que comenzarían con la puesta en marcha de campañas de sensibilización pública y una evaluación de las mismas. También proponen una reformulación de la estrategia alimentaria que establezca objetivos progresivos de reducción de sal en los alimentos procesados y que sirva para creación de nuevas normas que regulen el mercado. Además, consideran que este proceso debería de ir acompañado de un seguimiento que midiera la eficacia de las campañas a través de una topografía de la ingesta de sal de la población.

Objetivo de la OMS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido como objetivo para 2025 la reducción de la ingesta de sal en cinco gramos por persona. Los autores del estudio señalan que para el efectivo cumplimiento de esta meta es necesaria la colaboración de todos los sectores de la sociedad, aunque destaca el relevante papel que debe asumir la industria alimentaria en la reducción de las enfermedades coronarias. "La negación del problema y la demora en su solución serán costosas en términos de enfermedades evitables y de gastos", asegura los expertos.

Fuente: Fundación Eroski y matildemenendez.com

21 de noviembre de 2012

Obesidad: un trastorno caro


El análisis del exceso de peso desde una perspectiva económica justifica la inversión en prevención y una mayor atención a los sectores más desfavorecidos
La mayor preocupación relacionada con la obesidad es el sufrimiento físico y psicológico que genera en quienes padecen este trastorno, considerado ya como la nueva epidemia del siglo XXI.
Las personas con obesidad tienen una esperanza de vida más corta. Además de una mayor mortalidad, la población obesa registra una calidad de vida significativamente menor, por lo que requiere, como es de esperar entre quienes sufren una enfermedad, de la utilización de recursos sanitarios con mayor frecuencia y más intensidad que en el caso de las personas no obesas. Por ejemplo, en España, se estima que unas 28.000 muertes anuales (1 de cada 12 fallecimientos) son atribuibles al exceso de peso. Y sólo la asistencia sanitaria de la obesidad supone 30 millones de euros.

Gastos directos e indirectos de la obesidad
Las causas y consecuencias de la obesidad se han analizado desde múltiples ópticas y disciplinas. La investigación biomédica es la más comentada, pero las ciencias sociales, y entre ellas la economía aplicada, proporcionan datos útiles para justificar las inversiones en el ámbito de la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, en este caso concreto, respecto a la obesidad.
Los estudios realizados en este ámbito revelan que los gastos económicos asociados a este trastorno y a las enfermedades con las que está relacionado son muy elevados. En el análisis se deben tener en cuenta tanto los costos directos derivados de la asistencia sanitaria, como los indirectos, asociados a la pérdida de productividad, derivada de las propias enfermedades y de la discapacidad que generan.

El costo económico
En el ámbito internacional, según datos del Banco Mundial, el gasto sanitario atribuible a la obesidad varía entre el 2% y el 8%, si bien puede llegar a alcanzar más del 12% en el caso de Estados Unidos. Este es el país que más y mejor ha estudiado las implicaciones económicas asociadas a los gastos sanitarios derivados del gran número de habitantes con obesidad. En España, según una investigación de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), incluida en el libro blanco "Costos sociales y económicos de la obesidad y sus patologías asociadas", el exceso de peso y sus consecuencias significaban en datos extrapolados a 2002 un 7% del gasto sanitario, lo que supone 2.500 millones de euros anuales.

Fuente: Fundación Eroski y matildemenendez.com

18 de noviembre de 2012

La obesidad mata antes de tiempo


Según el estudio que publica 'British Medical Journal' (BMJ) aquellas mujeres que nunca han tenido entre sus manos un cigarrillo, pero sufren problemas de peso y pertenecen a grupos sociales de ingresos bajos son propensas a desarrollar enfermedades cardiovasculares e, incluso, también a morir prematuramente.

Se sabe que el cigarrillo es el responsable directo o indirecto de varias enfermedades que pueden ir desde la bronquitis crónica hasta el cáncer de pulmón, siendo la principal causa evitable de muertes en todo el mundo. Así, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), si siguen los actuales niveles de consumo, el tabaco mataría a ocho millones de personas en 2030. Pero ¿qué pasa con aquellas personas que no fuman?
Según el estudio que publica 'British Medical Journal' (BMJ) aquellas mujeres que nunca han tenido entre sus manos un cigarrillo, pero sufren problemas de peso y pertenecen a grupos sociales de ingresos bajos son propensas a desarrollar enfermedades cardiovasculares e, incluso, también a morir prematuramente.
"Aunque el tabaquismo es claramente responsable de unas tasas de mortalidad muy altas, la obesidad también es un factor importante que contribuye a la mortalidad prematura", explica el doctor Laurence Gruer, director del estudio y miembro del NHS Health Scotland.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores siguieron durante 28 años los casos de 3.600 mujeres escocesas que nunca habían fumado. Todas ellas tenían entre 45 a 64 años, por lo que muchas fallecieron durante el proceso de estudio. La mitad de las que murieron (916 mujeres, lo que representa el 51%) lo hicieron por enfermedades cardiovasculares y de circulación, mientras que un 21% perecieron por distintos tipos de cáncer.
Los resultados mostraban que las mujeres de clases sociales bajas eran más propensas a tener graves problemas de sobrepeso y se encontraban entre el primer grupo de muertes, mientras que fallecían menos por cáncer.

Una amenaza oculta
"Todo esto sugiere que las altas tasas de fumadores de hace 30 años, más los problemas que el tabaquismo acarrea, han ocultado probablemente la verdadera magnitud de la obesidad en estas mujeres; pero también se observa que la disminución de las tasas de tabaquismo en las últimas décadas puede haber contribuido al aumento del sobrepeso", comentan los autores.
"Hay que ser conscientes de que la obesidad es la primera causa evitable de muerte tras el tabaco", asegura a la página web de El Mundo, el doctor Miguel Ángel Rubio, coordinador de la Unidad de Obesidad del Hospital Clínico de Madrid, "por lo que los resultados de este estudio era algo que desde hace unos años ya se sospechaba", añade.
Aunque la investigación sólo se centra en mujeres adultas, el doctor Rubio asegura que estos datos son también importantes para el resto de la población: "Al estudiar a mujeres con una edad alrededor de los 50 años, es normal que hayan encontrado más problemas de sobrepeso, porque está estudiado que tras la menopausia éste es un problema común", comenta el doctor Rubio. "Así, si nos fijamos en España, del 15% de obesos que hay en total, en la franja de 55 a 64 años, el 21% son hombres y el 34% son mujeres con este problema".

Enfermedades asociadas
"Pero independientemente de esto, esta investigación arroja unas conclusiones bastante obvias ya que en muchas ocasiones la obesidad se relaciona con hábitos inadecuados y falta de actividad física y esto conlleva a enfermedades como la diabetes o la hipertensión, factores claves para desarrollar enfermedades cardiovasculares", afirma el doctor Rubio.
"Por otra parte, las clases sociales con menos recursos muchas veces están peor informadas y a la hora de alimentarse, si tienen poco nivel adquisitivo, compran alimentos más baratos, que suelen estar cargados de grasa, en vez de pescado o verduras. De ahí que en incluso en España, y de una forma genérica la zona sur de la península y Galicia sean zonas con personas más obesas que en el centro del país", explica este especialista.
Sin embargo, el profesor Johan Mackenbach, del Centro Médico Erasmus de Rotterdam señala en una editorial que acompaña al estudio que "estos datos no han de hacer olvidar que el tabaquismo sigue siendo el factor de riesgo más fuerte, puesto que a pesar de estos resultados sigue siendo más mortal que la propia obesidad".
Una afirmación que no olvidan los especialistas, aunque también señalan a este tipo de estudios como suficientemente interesantes como para que la sanidad se fije en ellos: "Ha sido y sigue siendo necesario que se informe y se comprenda los problemas que causa el tabaco, pero tampoco está de más que se trate la obesidad, también después de dejar de fumar, puesto que por ejemplo en España no hay ningún tratamiento contra ella que lo financie el sistema público", argumenta el doctor Rubio.

Fuente: Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios y matildemenendez.com

16 de noviembre de 2012

Obesidad: ¿vivimos en un entorno obesogénico?


La obesidad es una enfermedad multifactorial que afecta, sobre todo, a personas con una predisposición genética y sobre la que actúan determinados factores ambientales y culturales que favorecen su desarrollo. De acuerdo con esta premisa, se considera que puede llegar a ser obesa la persona con una determinada carga genética desfavorable para esta enfermedad y que viva en un ambiente donde predomina el exceso calórico y el sedentarismo. Nuestro entorno, ¿es obesogénico?
El exceso de energía es algo habitual en nuestro medio. Cuando se investiga la relación entre la disponibilidad alimentaria y la ingesta dietética, se evidencia el ambiente obesogénico. Los estudios indican que la presencia y proximidad de puntos de venta de frutas y hortalizas se asocia con un una población con menor Índice de Masa Corporal (IMC). También se detecta que una mayor densidad de locales de comida rápida guarda relación con una población más afectada por el exceso de peso.

Muchos elementos ambientales por controlar
Numerosos factores ambientales favorecen entornos propicios para adoptar hábitos que no son saludables.
Historia y tradición, influencia familiar, nacionalidad, religión y moral, factores psicológicos, el costo de los alimentos y los ingresos son algunos de los factores que determinan las elecciones alimentarias y, al final, la ingesta calórica y nutricional. Sin embargo, hay muchos más elementos ambientales relacionados con el comportamiento alimentario y la actividad física que tienen influencia y que, con más o menos facilidad, pueden modificarse.
Los diseños urbanísticos (transporte público, transporte privado, bicisenda, rutas para pasear o parques), los arquitectónicos (ascensores, escaleras, controles remotos, etc.) o la legislación (publicidad de los alimentos superfluos, tasas a los alimentos azucarados o seguridad pública) son aspectos que están en manos de las administraciones y que pueden favorecer entornos propicios a la adopción de hábitos saludables o, por el contrario, a construir ambientes obesogénicos.

Regulación de la publicidad obesogénica
Los niños y adultos vemos a diarios numerosos anuncios publicitarios al día. Muchos de ellos son de alimentos y, la mayoría, de productos ricos en azúcar, sal y grasas saturadas. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS), consciente de que existe cierta evidencia científica acerca de cómo la publicidad afecta a las preferencias alimentarias, las demandas de compra de productos y, al final, el comportamiento alimentario, insta a los Estados miembros a desarrollar estrategias conjuntas con la industria para restringir la cantidad de anuncios y controlar el contenido de la publicidad alimentaria dirigida a menores.
En otros países se ha conseguido mejorar de forma notable la calidad de la publicidad de alimentos destinada al público infantil y reducir el número de reclamos por infracciones en estos anuncios.
Así, con menos anuncios y con mayor conciencia de la importancia de llevar una vida sana, podemos mejorar nuestro entorno para alimentarnos mejor.

Fuente: Fundación Eroski y matildemenendez.com

3 de noviembre de 2012

Los diez alimentos más eficaces para bajar el colesterol

Avena, cebada y otros granos integrales, legumbres, berenjena o frutos secos son algunos de los alimentos considerados "anticolesterol".
El colesterol en exceso, definido como hipercolesterolemia, es conocido por su problemática para la salud coronaria y por considerarse un factor de riesgo de infarto, entre otros episodios vasculares. Los mensajes para la prevención de este trastorno se dirigen más a difundir los alimentos contraindicados, cuyo consumo regular aumenta los niveles plasmáticos de colesterol. El mensaje positivo necesario es promocionar los alimentos aliados, que por su composición química y en función de un consumo ordinario y en una cantidad específica ayudan a controlarlo.
Una lista elaborada por la Harvard Medical School incluye los diez alimentos considerados como los más eficaces para ayudar a bajar el colesterol. Forman parte de ella desde las nueces y el pescado azul a otros alimentos menos reconocidos como la berenjena, la avena y algunas frutas. Por su parte, la Fundación Española del Corazón contribuye en el ámbito formativo e informativo con la publicación online de dos semanas de menús adecuados para quienes tienen hipercolesterolemia. En las distintas comidas de cada día deberían estar presentes los alimentos "aliados", combinados con el resto de los que conforman la dieta.

Los diez alimentos "anticolesterol"
Avena, cebada y otros granos integrales, las legumbres y la berenjena, los frutos secos, los aceites vegetales (se podría destacar el aceite de oliva), frutas como manzanas, uvas, frutillas y cítricos, la soja, el pescado graso y, en caso preciso, los alimentos enriquecidos con esteroles y estanoles y los suplementos de fibra se incluyen en la lista de los alimentos "anticolesterol".
El mayor interés para el consumidor es conocer los componentes de los alimentos y los modos por los que estos son capaces de reducir el colesterol plasmático y, al mismo tiempo, aprender maneras de consumirlos, con el fin de integrarlos de forma habitual en los menús diarios.

La avena
Aúna en su composición un conjunto de sustancias cuyo efecto ha demostrado la reducción de las tasas de colesterol plasmático: grasas insaturadas (no mucha cantidad, pero sí de buena calidad, como el ácido graso esencial linoleico), avenasterol, fibra y lecitina. El avenasterol es un fitosterol con capacidad de disminuir la absorción de colesterol en el intestino, al igual que la lecitina.
Ideas para consumir avena: la forma tradicional de comer avena es en copos, mezclada con frutas, leche o yogur. Los copos de avena sirven también para espesar cremas y purés y para dar sabor y consistencia a una sopa de verduras.

La cebada
La cebada comparte con la avena su riqueza en un tipo de fibra soluble, los betaglucanos, que han demostrado ser eficaces en la reducción del colesterol-LDL, el perjudicial. Los efectos hipocolesterolemiantes del consumo de avena o cebada como alimento han sido poco evaluados; sí está más estudiado el efecto de los concentrados de betaglucano. Nuevas investigaciones se centran en el tocotrienol, una forma de vitamina E con potente efecto antioxidante, localizado en las cáscaras de los granos de cebada, avena y arroz, en este último cereal integral, es más abundante. Los ensayos clínicos con sendos compuestos se han realizado en forma de complemento dietético, no como alimento, si bien los consumidores habituales de arroz integral, de avena y de pan integral o de salvado, se beneficiarán de estos efectos.
Ideas de platos con cebada: a la cebada en grano se le puede dar el mismo tratamiento culinario que al arroz, aunque le cuesta más cocerse. Algunas propuestas para probar este saludable cereal son un guiso de verduras salteadas con cebada, en ensalada con arroz y calabaza, o en sopa con lentejas.

Las legumbres
Algunos fitoquímicos de las leguminosas están implicados de forma directa en la reducción del colesterol sérico y en la prevención de la formación de la capa de ateroma que degenera en enfermedades cardiovasculares. Las lectinas favorecen el transporte de colesterol sanguíneo y su metabolismo y reducen así el riesgo de acumulación en las paredes de las arterias. Las saponinas disminuyen la absorción de colesterol en el tracto digestivo, por lo que su aportación también es beneficiosa. Además, las legumbres tienen fibra e isoflavonas con efectos positivos demostrados en las dislipemias.
Ideas para consumir legumbres: en ensalada, en sopas, cremas, en forma de paté vegetal como el humus elaborado con garbanzos, guarnición de carnes o pescados.

La berenjena y frutas como manzanas, uvas, frutillas y cítricos
El efecto hipocolesterolemiante de estos vegetales se debe en parte a su aporte de fibra, un compuesto que limita y retrasa la absorción intestinal del colesterol, al favorecer la mezcla con los ácidos biliares y que el conjunto se elimine por las heces.

Los frutos secos, en particular las nueces
Las nueces suponen un aporte interesante de ácido alfa-linolénico, que el organismo transforma en ácidos grasos omega-3 y contiene también fitosteroles, ambos reconocidos por su papel en la reducción del colesterol.
Ideas para consumir frutos secos a diario: además de comer un puñado de nueces a diario (4-6 unidades), hay otras formas ricas de incorporar y alternar los frutos secos a la dieta: añadirlos a las ensaladas, a platos de arroz, pasta y cuscús, probar las cremas de untar de frutos secos (avellana, semillas de sésamo), preparar dulces y postres que los lleven (galletitas, compotas).

Los aceites vegetales, entre los que destaca el aceite de oliva
Este último es rico en ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico), vitamina E y fitosteroles, todos ellos compuestos cardioprotectores.
Idea sana: disponer en la despensa siempre de una botella de aceite de oliva virgen extra, el tipo de aceite de mayor calidad nutricional, y emplear un poco cada día para condimentar las ensaladas y las verduras, acompañar al pan tostado del desayuno, etc.

La soja
El consumo habitual de soja como leguminosa (o como aceite) aporta una cantidad significativa de grasa de alta calidad nutricional -ácido linoléico y oleico-, lecitina e isoflavonas con repercusiones beneficiosas para el organismo por su eficacia reductora del colesterol sérico. Las isoflavonas, en especial la genisteína, una de las más abundantes en la soja, han demostrado ejercer una acción inhibitoria de la agregación plaquetaria y una actividad antioxidante sobre las lipoproteínas de alta densidad (LDL), lo que ayuda en la disminución del colesterol plasmático.
Ideas para consumirla: la soja en grano se puede preparar hervida o en guiso, como cualquier legumbre. A partir de ella se obtienen multitud de derivados como los brotes germinados de soja, la bebida de soja, el tofu, la salsa de soja, el miso o pasta fermentada, elaborada con las semillas de soja y que da sabor y cuerpo a sopas o cremas.

El pescado graso
Los pescados azules tienen de media unos diez gramos de grasa rica en ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3, como el DHA (docosahexaenoico) y el EPA (eicosahexaenoico), reconocidos por su capacidad para disminuir los triglicéridos plasmáticos, aumentar la vasodilatación arterial, reducir el riesgo de trombosis y la tensión arterial. Todos estos efectos se postulan como protectores de las enfermedades cardiovasculares. No obstante, su efecto sobre los niveles de LDL-colesterol y HDL-colesterol depende del tipo de paciente y de sus niveles iniciales de colesterol.
Ideas para ingerir omega-3: los expertos nutricionistas aconsejan un consumo de pescado azul fresco de dos a tres veces por semana, de 140 gramos por ración por persona y día. Es obligada la presencia en los menús semanales de pescados azules como las sardinas, boquerones o anchoas, atún o salmón.

Fuente: Fundación Eroski y matildemenendez.com