La obesidad es una enfermedad multifactorial que afecta, sobre todo, a personas con una predisposición genética y sobre la que actúan determinados factores ambientales y culturales que favorecen su desarrollo. De acuerdo con esta premisa, se considera que puede llegar a ser obesa la persona con una determinada carga genética desfavorable para esta enfermedad y que viva en un ambiente donde predomina el exceso calórico y el sedentarismo. Nuestro entorno, ¿es obesogénico?
El exceso de energía es algo habitual en nuestro medio. Cuando se investiga la relación entre la disponibilidad alimentaria y la ingesta dietética, se evidencia el ambiente obesogénico. Los estudios indican que la presencia y proximidad de puntos de venta de frutas y hortalizas se asocia con un una población con menor Índice de Masa Corporal (IMC). También se detecta que una mayor densidad de locales de comida rápida guarda relación con una población más afectada por el exceso de peso.
Muchos elementos ambientales por controlar
Numerosos factores ambientales favorecen entornos propicios para adoptar hábitos que no son saludables.
Historia y tradición, influencia familiar, nacionalidad, religión y moral, factores psicológicos, el costo de los alimentos y los ingresos son algunos de los factores que determinan las elecciones alimentarias y, al final, la ingesta calórica y nutricional. Sin embargo, hay muchos más elementos ambientales relacionados con el comportamiento alimentario y la actividad física que tienen influencia y que, con más o menos facilidad, pueden modificarse.
Los diseños urbanísticos (transporte público, transporte privado, bicisenda, rutas para pasear o parques), los arquitectónicos (ascensores, escaleras, controles remotos, etc.) o la legislación (publicidad de los alimentos superfluos, tasas a los alimentos azucarados o seguridad pública) son aspectos que están en manos de las administraciones y que pueden favorecer entornos propicios a la adopción de hábitos saludables o, por el contrario, a construir ambientes obesogénicos.
Regulación de la publicidad obesogénica
Los niños y adultos vemos a diarios numerosos anuncios publicitarios al día. Muchos de ellos son de alimentos y, la mayoría, de productos ricos en azúcar, sal y grasas saturadas. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS), consciente de que existe cierta evidencia científica acerca de cómo la publicidad afecta a las preferencias alimentarias, las demandas de compra de productos y, al final, el comportamiento alimentario, insta a los Estados miembros a desarrollar estrategias conjuntas con la industria para restringir la cantidad de anuncios y controlar el contenido de la publicidad alimentaria dirigida a menores.
En otros países se ha conseguido mejorar de forma notable la calidad de la publicidad de alimentos destinada al público infantil y reducir el número de reclamos por infracciones en estos anuncios.
Así, con menos anuncios y con mayor conciencia de la importancia de llevar una vida sana, podemos mejorar nuestro entorno para alimentarnos mejor.
Fuente: Fundación Eroski y matildemenendez.com

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